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miércoles, 29 de enero de 2014

Cómo y por qué nos estalló la burbuja


 

Una desastrosa reforma de la legislación urbanística amparada por el Tribunal Constitucional concedió a los promotores inmobiliarios un papel tan determinante como nocivo en la economía. El entramado del promotor se sustentaba en la connivencia entre el poder financiero, fundamentalmente las cajas de ahorro, y la clase política (Artículo tomado de El Faro de Vigo)
26.01.2014

España paga desde hace seis años las consecuencias de una burbuja económica cimentada sobre un cambio legal que propició la especulación urbanística en connivencia con los poderes políticos y económicos locales. El cómo surgió y por qué nos estalló lo explica el economista Luis Garicano en este texto, extracto de su libro "El dilema de España".

1 - El desenfreno urbanístico: una historia legal
Para entender el enorme desenfreno bajo el que funciona el urbanismo español es necesario comprender el desarrollo legislativo que ha permitido esa disipación. La mayor parte de los especialistas en la materia sitúan el origen de la descentralización del urbanismo en una ley de Aznar de 1998. La realidad es otra. El origen del caos parte (como en muchos otros temas, incluyendo el caos autonómico y la irreformable universidad) de una desafortunada sentencia del Tribunal Constitucional.
El urbanismo español estaba históricamente basado en una ley del 12 de mayo de 1956 que era en esencia una transposición de la ley de Mussolini promulgó para Italia en 1942. Diferenciaba tres tipos de suelo: urbano, urbanizable y rústico. Un aspecto importante de la ley era que las expropiaciones debían pagarse al precio que se esperaba que tuviera el suelo cuando estuviera urbanizado, lo cual resultaba muy caro para los Gobiernos y explica la falta de infraestructura pública durante los años del desarrollo.
En 1975 se reforma la ley en dos direcciones: se elimina el derecho a construir en suelo rústico y se cede a los ayuntamientos el 10 por ciento del terreno de un nuevo polígono. Esto hace que los ayuntamientos incentiven la construcción de polígonos. Más tarde, en 1990, se vuelve a reformar la ley y se incrementa la parte de los ayuntamientos hasta un 15 por ciento.
Pero el cambio drástico se produce con la legislación de 1994 de la Comunidad Valenciana, el kilómetro cero de los mayores desmanes urbanístico-financieros españoles. Esta ley introduce dos figuras novedosas en nuestro ordenamiento. La primera de ellas es el convenio urbanístico, que permite al propietario, tras un acuerdo con el ayuntamiento, hacer lo que desee con el suelo. El agente urbanizador es la segunda de estas figuras. Es un promotor que propone un plan de desarrollo del terreno de un tercero. Ofrece una parte al ayuntamiento, otra se la queda él y la tercera se la da al propietario. El ayuntamiento puede legalmente ofrecer un justiprecio al propietario y obligarle a aceptarlo. En ambos casos, si el ayuntamiento aprueba el plan, el proyecto no está sujeto a las clasificaciones previas del terreno.
Esta ley supone una descentralización sin precedentes del proceso de urbanismo y da una responsabilidad enorme a los ayuntamientos. Pone la primera piedra para que los promotores capturen (¡voluntariamente!) a los alcaldes y a los presidentes de las comunidades autónomas. La Administración central del Estado puso un recurso de inconstitucionalidad. Pero éste fue rechazado por el Tribunal Constitucional en 1997 con el argumento de que la Constitución otorga las competencias de derecho urbanístico a las autonomías.
La famosa ley del suelo de 1998 no es la causa de desastre, como muchos piensan, sino un intento de constitucionalizar la legislación anterior (el texto refundido de 1990), tratando de liberalizar la oferta de suelo y de crear un marco libre para evitar la arbitrariedad de los ayuntamientos. El Tribunal Constitucional tumbó de nuevo esta ley en 2001, con el resultado de que, en la práctica, cada comunidad autónoma puede hacer lo que quiera.
Tras estos cambios en el marco legal, un promotor podía hacerse rico desarrollando suelo que nunca antes había estado en el mercado, sólo con conseguir la aprobación del alcalde. Además, como la municipalidad también recibía altas compensaciones en metálico, el desarrollo urbanístico se convirtió en una importante fuente de financiación para las autoridades locales, que podían así expandir sus programas sociales.

2 - Las cajas como financiadoras de la burbuja
Para los individuos con buenas conexiones, el camino hacia la riqueza estaba despejado; sólo les hacía falta conseguir una fuente de financiación. Las cajas de ahorros, con una mezcla de gestión politizada y de simple ignorancia, jugaron un papel fundamental a la hora de proveer esa financiación.
Durante la primera década de este siglo el sistema financiero español se repartía en dos partes más o menos iguales entre las cajas y los bancos. Las cajas, originalmente creadas para prestar servicios bancarios locales para la población de clase media y obrera, por tradición ignorada por los bancos tradicionales, tenían una fuerte base territorial y una actitud conservadora.
Dos aspectos clave de su regulación cambiaron con la llegada de la democracia. En primer lugar, en 1985 su control fue transferido a las regiones, lo que abrió la puerta para su "captura" por parte de los políticos locales. En segundo lugar, recibieron autorización del legislador para expandirse territorialmente fuera de su área provincial original de actividad. Como resultado, las cajas comenzaron una diversificación geográfica imparable y el número de sucursales se disparó. El 1 de enero de 2008, España contaba con cerca de 25.000 sucursales de cajas, una por cada 1.800 habitantes.
En esta carrera por el crecimiento, las cajas empezaron a canalizar préstamos a los promotores inmobiliarios de manera indiscriminada. Entre 1995 y 2005, los préstamos para la construcción y el desarrollo inmobiliario pasaron del 8 por ciento al 29 por ciento del PIB, y los préstamos a hogares para la adquisición de la vivienda crecieron del 17 por ciento del PIB al 49 por ciento. Este auge de los préstamos fue acompañado por el mismo efecto en la construcción. El número de viviendas construidas, siempre al alza, pasó de 150.000 en 1995 a 600.000 en 2007. Los precios también aumentaron rápidamente: según datos del Ministerio de Vivienda español, entre 1998 y el pico del boom de 2008, los precios nominales de la vivienda se incrementaron en un 175 por ciento, en comparación con un aumento del 61,5 por ciento en el IPC.
Como el crecimiento de los depósitos no era suficiente para hacer frente al auge de los préstamos, las cajas recurrieron a la financiación mayorista. Y dado que los préstamos estaban denominados en euros y en contra de garantías físicas (activos inmobiliarios), las instituciones internacionales no tuvieron ningún reparo en prestar lo necesario.
Desgraciadamente, el enorme crecimiento del sector de las cajas no fue acompañado de mejoras en su gobernanza. Las cajas no tenían accionistas; se regían por un consejo gobernado por normas autonómicas y elegido por los Gobiernos locales, los empleados y los clientes regionales y locales. Mediante sistemáticas modificaciones de la legislación autonómica, sufrieron en muchos casos un verdadero asalto a sus órganos de dirección por parte del poder político, que procedió a nombrar gestores, en ocasiones de bajísima formación financiera y empresarial, y a utilizar las cajas como bancos regionales de financiación de proyectos. Unos proyectos que, en no pocos casos, carecían de rentabilidad económica, como aeropuertos sin aviones, grandes y vacíos, parques temáticos o grandiosas ciudades de las artes, la justicia o la cultura (?)

3 - Intereses, no ideología
Es tentador, y quizás reconfortante, pensar que lo que presenciamos en España fue simplemente una combinación de errores de los poderes públicos y mucha mala suerte. Y sí, es cierto que hubo coincidencias negativas importantes en el germen del desastre. Pero también existen multitud de anécdotas que evidencian que no fue ésta la razón principal del desarrollo de una burbuja tan descomunal. Los poderes públicos buscaban en muchos casos su interés personal, incluso desarrollando proyectos que no tenían ningún sentido. Hemos visto muchas veces cómo el partido que gobierna defiende un proyecto insensato, y la oposición lo denuncia y se opone con dureza. En el momento en que el partido opositor consigue el poder, la situación cambia repentina y radicalmente: el que era la oposición se convierte en un defensor acérrimo del proyecto loco y el que estaba en el Gobierno, el pasar al otro lado, de repente ve la luz y lo rechaza.
Un ejemplo clásico al respecto es la construcción de la faraónica Ciudad de la Cultura de Galicia (...) Es inevitable concluir que, en muchos casos, a lo largo y ancho de nuestra geografía los partidos no defienden ideas sino que se comportan como intermediarios entre intereses económicos más o menos confesables (...)

4 - Crecimiento sin conocimientos: consecuencias de la burbuja
La consecuencia del mecanismo diabólico que unía a los poderes locales, promotores y cajas fue que España tuvo los años más fáciles de su historia. Años en los que no era necesario estudiar, trabajar duro o innovar para hacerse rico. Sólo hacía falta tener un amigo en la Administración adecuada, es decir, tener un buen "enchufe".
La burbuja sumergió a España en una confortante pero engañosa neblina de éxito que ocultaba la realidad del país. A medida que los precios subían, el riesgo percibido por bancos y cajas y por los reguladores disminuía. Las familias, que solían vivir en viviendas de su propiedad y que invertían la mayor parte de su riqueza en bienes inmobiliarios, también se sentían más ricas. El resultado es que, al final de este período, España se encontró con un fuerte aumento de precios en el sector inmobiliario, uno de los niveles más alto de deuda privada en el mundo desarrollado (que se calcula en términos brutos en el 300 por ciento del PIB) y un enorme número de viviendas sin vender construidas entre 1995 y 2007.
Esta burbuja inmobiliaria tiene ahora consecuencias negativas para el crecimiento. Primero, porque, como en los países que descubren petróleo u otros recursos, los Gobiernos se embarcan en fastuosas inversiones y gastos improductivos (la Ciudad de la Cultura, por ejemplo) que tienen consecuencias sobre el gasto futuro y, por tanto, requieren de mayores impuestos. En el caso de España, el AVE, la mayor parte de cuyas vías es fuertemente deficitaria y lo será para siempre (como ha argumentado Germán Bel en España, capital París), es un caso obvio, pero existen muchos otros, particularmente en la cartera de prestaciones sanitarias.
Segundo, porque la deuda en sí misma reduce el crecimiento. La razón es que incluso los proyectos de inversión que generan beneficios pueden tener problemas para conseguir capital si los financiadores temen que la inversión vaya a pagar las deudas previas. Es por eso que existe la bancarrota: alguien muy endeudado no puede salir del agujero porque ningún acreedor nuevo goza de protección contra los deudores pasados.
Además, en lo concerniente a nuestro país hay dos mecanismos adicionales por los que la burbuja tiene un impacto negativo sobre el crecimiento que requieren de una atención especial. Primero, España ha sufrido una variante de la "enfermedad holandesa". Esta expresión se refiere a los países que descubren repentinamente recursos naturales y que generalmente sufren como consecuencia de ello un fuerte deterioro de sus industrias exportadoras. Como en la España del Siglo de Oro, la repentina riqueza lleva a una fuerte subida de los precios de los productos no comerciales y causa un movimiento de los recursos desde los sectores comerciales y exportables hacia los no comerciales. Durante el Siglo de Oro España vio la destrucción de gran parte de su capacidad productiva. Los españoles, sobre todo los castellanos, se dedicaban a ser soldados o curas, mientras la construcción de palacios, iglesias y catedrales consumía una gran parte del ahorro del país.
El ladrillo no ha durado un siglo, sino sólo una década. Las catedrales de la España del nuevo milenio han sido los huertos solares, los estadios deportivos, los conciertos y festivales gratuitos en cada ciudad y en cada pueblo, las actividades de afirmación regional o provincial. Las tareas en las que los españoles han tenido éxito no son exportables (con contadas excepciones), sino que van ligadas al consumo interno.
La segunda consecuencia de la burbuja en España que requiere especial atención es su impacto sobre las instituciones y sobre las élites que nos gobiernan. Los incentivos y la selección que se produjo en el boom fueron nefastos. Los políticos desmontaron sistemáticamente todas las instituciones independientes para ponerlas a su servicio. Por poner un ejemplo, el orgulloso e independiente Banco de España tuvo durante los años del descontrol financiero de la burbuja dos gobernadores sucesivos que eran políticos de carrera (uno de cada signo) y que no tenían ningún conocimiento de las que iban a ser sus dos funciones principales: la política monetaria y la supervisión bancaria. Lo mismo ha sucedido con el Tribunal Constitucional, hasta el punto de que es ahora presidido por un juez que es militante de un partido político. Una vez desmontadas las instituciones, puede llevar décadas reconstruir su independencia y su capacidad de análisis (...)

viernes, 14 de mayo de 2010

Lo que no se dice de la crisis

Lo que no se dice de la crisis
Vicenç Navarro es catedrático de Políticas Públicas de la Universidad Pompeu Fabra y profesor de Public Policy
en The Johns Hopkins University
13 May 2010 www.publico.es

La crisis que están viviendo algunos países mediterráneos –Grecia, Portugal y España– e Irlanda se está atribuyendo a su excesivo gasto público, que se supone ha creado un elevado déficit y una exuberante deuda pública, escollos que dificultan seriamente su recuperación económica. De ahí las recetas que el Fondo Monetario Internacional, el Banco Central Europeo (BCE) y el Consejo Europeo han estado imponiendo a aquellos países: hay que apretarse el cinturón y reducir el déficit y la deuda pública de una manera radical.
Es sorprendente que esta explicación haya alcanzado la dimensión de dogma, que se reproduce a base de fe (el omnipresente dogma liberal) y no a partir de una evidencia empírica. En realidad, ésta muestra lo profundamente errónea que es tal explicación de la crisis. Veamos los datos.
Todos estos países tienen los gastos públicos (incluyendo el gasto público social) más bajos de la UE-15, el grupo de países más ricos de la Unión Europea, al cual pertenecen. Mírese como se mire (bien gasto público como porcentaje del PIB; bien como gasto público per cápita; bien como porcentaje de la población adulta trabajando en el sector público), todos estos países están a la cola de la UE-15. Su sector público está subdesarrollado. Sus estados del bienestar, por ejemplo, están entre los menos desarrollados en la UE-15.
Una causa de esta pobreza del sector público es que, desde la Segunda Guerra Mundial, estos países han estado gobernados la mayoría del periodo por partidos profundamente conservadores, en estados con escasa sensibilidad social. Todos ellos tienen unos sistemas de recaudación de impuestos escasamente progresivos, con carga fiscal menor que el promedio de la UE-15 y con un enorme fraude fiscal (que oscila entre un 20 y un 25% de su PIB). Son estados que, además de tener escasa sensibilidad social, tienen escaso efecto redistributivo, por lo que son los que tienen mayores desigualdades de renta en la UE-15, desigualdades que se han acentuado a partir de políticas liberales llevadas a cabo por sus gobiernos. Como consecuencia, la capacidad adquisitiva de las clases populares se ha reducido notablemente, creando una economía basada en el crédito que, al colapsarse, ha provocado un enorme problema de escasez de demanda, causa de la recesión económica.
Es este tipo de Estado el que explica que, a pesar de que su deuda pública no sea descomunal (como erróneamente se presenta el caso de Grecia en los medios, cuya deuda es semejante al promedio de los países de la OCDE), surjan dudas de que tales estados puedan llegar a pagar su deuda, consecuencia de su limitada capacidad recaudatoria. Su déficit se debe, no al aumento excesivo del gasto público, sino a la disminución de los ingresos al Estado, resultado de la disminución de la actividad económica y su probada ineficacia en conseguir un aumento de los ingresos al Estado, debido a la resistencia de los poderes económicos y financieros.
Por otra parte, la falta de crédito se debe al excesivo poder del capital financiero y su influencia en la Unión Europea y sus estados miembros. Fue la banca la que, con sus comportamientos especulativos, fue creando burbujas que, al estallar, han generado los enormes problemas de falta de crédito. Y ahora están creando una nueva burbuja: la de la deuda pública. Su excesiva influencia sobre el Consejo Europeo, la Comisión Europea y el Banco Central Europeo (este último mero instrumento de la banca) explica las enormes ayudas a los banqueros y accionistas, que están generando enormes beneficios. Consiguen abundante dinero del BCE a bajísimos intereses (1%), con el que compran bonos públicos que les dan una rentabilidad de hasta un 7% y un 10%, ayudados por sus agencias de cualificación (que tienen nula credibilidad, al haber definido a varios bancos como entidades con elevada salud financiera días antes de que colapsaran), que valoran negativamente los bonos públicos para conseguir mayores intereses. Añádase a ello los hedge funds, fondos de alto riesgo, que están especulando para que colapse el euro y que tienen su base en Europa, en el centro financiero de Londres, la City, llamada el “Wall Street Guantánamo”, porque su falta de supervisión pública es incluso menor (que ya es mucho decir) que la que se da en el centro financiero de EEUU.
Como bien ha dicho Joseph Stiglitz, con todos los fondos gastados para ayudar a los banqueros y accionistas se podrían haber creado bancos públicos que ya habrían resuelto los problemas de crédito que estamos experimentando (ver mi artículo “¿Por qué no banca pública?”, en www.vnavarro.org).
En realidad, es necesario y urgente que se reduzca el sobredimensionado sector financiero en el mundo, pues su excesivo desarrollo está dañando la economía real. Mientras la banca está pidiendo a las clases populares que se “aprieten el cinturón”, tales instituciones ni siquiera tienen cinturón. Dos años después de haber causado la crisis, todavía permanecen con la misma falta de control y regulación que causó la Gran Recesión.
El mayor problema hoy en la UE no es el elevado déficit o deuda (como dice la banca), sino el escaso crecimiento económico y el aumento del desempleo. Ello exige políticas de estímulo económico y crecimiento de empleo en toda la UE (y muy especialmente en los países citados en este artículo). No ha habido una crisis de las proporciones actuales en el siglo XX sin que haya habido un crecimiento notable del gasto público y de la deuda pública, que se ha ido amortizando a lo largo de los años a base de crecimiento económico. EEUU pagó su deuda, que le permitió salir de la Gran Depresión, en 30 años de crecimiento. El mayor obstáculo para que ello ocurra en la UE es el dominio del pensamiento liberal en el establishment político y mediático europeo, imponiendo políticas que serán ineficientes, además de innecesarias. Y todo para asegurar los beneficios de la banca. Así de claro.

Vicenç Navarro es catedrático de Políticas Públicas de la Universidad Pompeu Fabra y profesor de Public Policy
en The Johns Hopkins University

lunes, 13 de abril de 2009

Recesiones mundiales

EL 'CRACK' DEL 29

24 de octubre de 1929. Trece millones de títulos se ponen a la venta a precios irrisorios, pero no hay compradores. La Bolsa de Nueva York, el mayor mercado de valores del mundo, comienza hundirse en una jornada conocida como el Jueves Negro de Wall Street. Los mercados bursátiles cayeron en picado después de varios meses de inestabilidad que pusieron punto y final a los felices años 20, en los que cientos de miles de ciudadanos se sumaron al 'boom' especulativo e invirtieron sus ahorros buscando fortuna.

Paquetes de acciones por menos de un tercio de su valor, empresarios y multimillonarios lanzándose desde rascacielos, la Policía clausurando la Bolsa... El pánico se extendió tan rápido entre los inversores que a pesar de la inyección de capital realizada por los bancos, fue inevitable el Lunes Negro y el Martes Negro. El colapso se alargó un mes desembocando en una gran crisis bancaria —de 1929 a 1931 quebraron cerca de 2.000 bancos—. El 'Crack', que coincidió con el inicio de la Gran Depresión, se extendió a todo el mundo por la dependencia financiera y económica con Norteamérica. Aunque la recuperación económica de EEUU ya era visible en 1940, hasta 1954 el Dow Jones no volvió a alcanzar los niveles anteriores a la crisis del 29 .


PRIMERA CRISIS DEL PETRÓLEO (1973-1975)

Es desde hace décadas un continuo quebradero de cabeza para la economía mundial. El petróleo, la fuente de energía más demandada, protagonizó su primera gran crisis en 1973. La negativa de la OPEP de exportar crudo a los países que habían apoyado a Israel durante la guerra del Yom Kippur (EEUU y sus aliados de Europa Occidental) fue una de las principales causas. Esta restricción y la posterior subida del precio afectó tanto a industrias, como a empresas y particulares que tuvieron que racionar la energía —el uso del automóvil o del televisor llegó a estar sometido a horarios limitados en algunos países—. A esta decisión, hay que sumarle el caos en el que estaba sumido el sistema monetario internacional tras la decisión de Nixon de desligar el dólar del patrón oro.

Las altas tasas de desempleo, el aumento de la pobreza, la disminución del consumo hicieron planear la sombra del 29. No obstante, muchos especialistas sitúan las causas de esta crisis como una evolución propia del sistema capitalista debido, entre otras cosas, a los avances tecnológicos que provocaron una gran reducción de las plantillas. Con esta crisis se empezó a cuestionar el funcionamiento del 'Estado de bienestar'.


2ª CRISIS DEL PETRÓLEO (1980 - 1982)

Cinco años tardó el oro negro en volver a poner en jaque a los países desarrollados. La segunda crisis llegó de la mano de la guerra que enfrentó a Irán e Irak . El conflicto provocó la congelación inmediata de las exportaciones de crudo iraníes y una subida desorbitada de los precios. En esta ocasión, las medidas paliativas no se hicieron esperar y las grandes potencias pusieron en marcha restricciones en el consumo, mientras los especuladores no dudaron en aprovechar el tirón. No obstante, el aumento de la producción de Arabia Saudí y la posterior reanudación de las exportaciones de Irán provocaron una bajada de los precios del crudo.


LA CRISIS ASIÁTICA (1997)

Los 'Tigres Asiáticos' sufrieron la peor crisis de su historia a finales de los 90. La excesiva ambición de un gran número de inversores que creyó ver en esta zona una 'mina de oro', explotó cuando en 1997 el déficit comenzó a subir de forma imparable. Los continuos escándalos financieros y una pésima política de préstamos contribuyeron a una gran devaluación de la moneda. No obstante, el momento más duro llegó cuando explotó la burbuja japonesa: el precio de los activos cayó en picado, dejando huella en los mercados internacionales. Gracias al Fondo Monetario Internacional los mercados asiáticos recuperaron el ritmo de crecimiento anterior a la crisis.


CRISIS DE LAS 'PUNTOCOM' (2001)

El rápido desarrollo de Internet y de las empresas que operaban en la red provocó un aumento desorbitado de la inversión en este campo, que provocaron una increíble subida de las acciones, creando con ello una burbuja especulativa. Este sector alcanzó su máxima cotización en 2000, pero tan solo un año después comenzó la caída. Los beneficios casi 'milagrosos' que se esperaban de estas empresas no llegaban y los inversores comenzaron a huir en desbandada del capital de las compañías. La crisis, al estar centrada principalmente en EEUU, no tuvo las dimensiones de las anteriores. En España tuvo su mayor reflejo en Terra, cuyas acciones llegaron a valer 157 euros en 2000 para desplomarse a tres euros cinco años después. Artículo tomado de....

lunes, 30 de marzo de 2009

La silenciada causa de la crisis

Rosa nos aporta este texto sobre la crisis:

La silenciada causa de la crisis

Vicenç Navarro

Público

Estamos en una crisis económica y financiera profunda que puede abocar rápidamente a una depresión mundial semejante a la que ocurrió en los años treinta del siglo XX. De ahí que sea importante ver si las dos crisis mundiales tienen causas comunes y si hay similitudes o diferencias entre ellas. Comencemos por las diferencias, y la más importante es que la situación existente en los países desarrollados es hoy muy distinta a la de los años treinta. Existen ahora sistemas de protección social (como los seguros de desempleo) que no existían entonces.

Ahora bien, también hay semejanzas y una de ellas, la más importante y que ha pasado desapercibida en los medios de información españoles, es la enorme polarización en la distribución de las rentas que existió en los años que precedieron a la Gran Depresión del siglo XX, y que existe ahora. En la gran mayoría de países de la OCDE hemos visto desde los años ochenta un gran crecimiento de las rentas del capital a costa de una disminución de las rentas del trabajo, alcanzándose una concentración sin precedentes de las rentas en los sectores más pudientes de las sociedades avanzadas, con una disminución del porcentaje de la masa salarial sobre la renta nacional (y ello a pesar de que el número de trabajadores ha aumentado). Esta situación es resultado de la llamada revolución neoliberal (iniciada por el presidente Reagan en EEUU, y por la señora Thatcher en Europa) y sus políticas públicas liberales regresivas (bajadas de impuestos de las rentas superiores, aumento de la regresividad fiscal, desregulación de los mercados de trabajo y descenso de la cobertura de derechos sociales y laborales, entre otras) que han acentuado las enormes desigualdades de renta en la mayoría de aquellos países, alcanzando niveles sin precedentes desde la Gran Depresión. Y ello ha ocurrido en ambos lados del Atlántico, acentuándose todavía más en los últimos años. En EEUU las rentas del capital ascendieron como nunca antes había ocurrido mientras que las rentas del trabajo descendieron de un 68% en 1992 a un 62% de la renta nacional en 2005.

En la Unión Europea pasó algo semejante. Las rentas del trabajo han sufrido un enorme bajón, pasando de representar en los países de la eurozona (que son los que llevaron a cabo aquellas políticas neoliberales con mayor contundencia, estimulados por la Comisión Europea y por el Banco Central Europeo) el 70% de la renta nacional en el año 1992 al 62% en el año 2005. En España las rentas del trabajo pasaron de representar el 72% de la renta nacional total al 61% en el mismo periodo. En otras palabras, el periodo neoliberal fue un periodo de gran exuberancia para el mundo empresarial (y muy en especial para el mundo financiero) que vio en la UE-15la UE-15. Los costes laborales, sin embargo, crecieron sólo un 18% en la UE-15 y en España sólo un 3,7%, una quinta parte del promedio de la UE-15. Una consecuencia de la polarización de las rentas y del descenso de las rentas del trabajo, ha sido la disminución de la capacidad adquisitiva de la clase trabajadora y de la demanda con el consiguiente endeudamiento de las clases populares.

En EEUU la familia promedio que debía 40.000 dólares en 1980 pasó a deber 130.000 dólares en 2007. Una situación semejante ocurrió en la UE. Este endeudamiento creció enormemente hasta que se hizo insostenible. Por otra parte, las exuberantes rentas del capital se invirtieron en actividades especulativas, y muy en especial (en EEUU, España y Gran Bretaña) en la vivienda, desarrollando una burbuja que al explotar (debido a la enorme especulación y excesiva construcción) creó el colapso del crédito, pues la vivienda es el aval más utilizado por las clases populares para conseguir crédito. Contribuyendo a ello es la existencia de un sistema financiero altamente contaminado con productos tóxicos que nadie sabe cuántos ni dónde están, convirtiéndose en lo que se ha definido como bombas financieras de destrucción masiva.

Mientras que las semejanzas en el origen de la crisis a ambos lados del Atlántico son muy notables, las respuestas son muy diferentes. En EEUU las fuerzas progresistas están respondiendo con medidas similares, aunque menos intensas, que las que desarrolló Franklin D. Roosevelt en el New Deal. Un aumento muy notable del gasto público en inversiones y servicios públicos (como sanidad y otros servicios), financiando tal gasto con un incremento en los impuestos de los sectores más pudientes de la población (que se beneficiaron enormemente de las políticas liberales) y permitiendo un crecimiento del déficit federal hasta alcanzar un 12% del PIB. También un reforzamiento de los sindicatos para aumentar los salarios, un elemento clave de la recuperación de la demanda, tal como hizo Franklin D. Roosevelt con la Ley Wagner que estableció los sindicatos y que la Administración Obama (presionada por las clases populares y por los sindicatos) está expandiendo para facilitar el incremento de los salarios y de la demanda.

En la Unión Europea, sin embargo, bajo un dominio conservador liberal (excepto en España), la respuesta ha sido enormemente insuficiente. El estímulo económico ha sido mucho menor que el aprobado por el Congreso estadounidense; el Pacto de Estabilidad continúa penalizando a aquellos estados que tienen un déficit de más del 3% del PIB, y los gobiernos están proponiendo que los trabajadores congelen sus demandas salariales como manera de salir de la crisis. Todas ellas medidas contrarias a las necesarias en estos momentos en que debieran revertirse las políticas regresivas que causaron la polarización social, responsable de la crisis de entonces y la de ahora.

Vicenç Navarro es Catedrático de Políticas Públicas de la Universidad Pompeu Fabra y profesor de Políticas Públicas en The Johns Hopkins University
crecer sus beneficios durante el periodo 1999-2005 un 33%; en la eurozona subió un 36% y en España un 73%, más del doble que el promedio de


martes, 24 de marzo de 2009

La crisis económica 2008-09


En Internet uno puede encontrar este texto que intenta desglosar las causas que han generado la actual crisis económica, vamos a tomarlo como base de partida y vamos a crear un informe en el que se analicen las causas que nos han traido hasta este momento.

"RECESIÓN ECONÓMICA EN EL 2008 : CRÓNICA DE UNA CRISIS ANUNCIADA

El siguiente escrito intenta analizar las causas de la recesión económica del año próximo, boceto de una crisis que se terminará de dibujar en el próximo decenio.

1.-Brutal aumento de los precios de alimentos básicos cercano al 15% ,debido básicamente a la especulación de empresas e intermediarios y a la falta de control de precios por parte del Estado.

2.- Galopante incremento del precio del crudo rozando los 100 dólares el barril, condicionado por las incertidumbres geopolíticas y el miedo al desabastecimiento ante el invierno que se avecina, lo que unido a una coyuntural bajada de la cotización del euro respecto del dólar, incidirá doblemente en la factura energética española.

3.-Tasa de inflación cercana al 4 % y aumento desbocado de la Deuda Exterior (2 Billones de dólares ) para fines del 2007,como consecuencia de los dos puntos anteriormente expuestos, lo que unido a la automática aplicación de cláusulas de revisión en pensiones y sueldos provocará una importante sangría en las arcas del Estado .

4.- Subida de los tipos de interés por parte del Banco Central Europeo hasta alcanzar el 4,5%, con el inmediato impacto en hipotecas y préstamos bancarios y consiguiente asfixia económica de amplias capas sociales y contracción del consumo interno.

5.- Aumento de la tasa del paro hasta el 14% a fines del 2007, lo que unido al desinflamiento del sector de la construcción y a un euro artificialmente revalorizado que impedirá el crecimiento de las exportaciones, provocará un descenso de 1 a 1,5 puntos porcentuales en el incremento del PIB estimado para el 2008, con el consabido descenso de los ingresos del Estado y consiguiente contracción de inversiones en infraestructuras básicas .

6.- Incesante goteo de llegada de inmigrantes ilegales, con el consiguiente aumento de la sensación de inseguridad ciudadana , colapso de los centros de acogida y constricción de la sanidad universal y gratuita. para saber más del autor de este texto "

Pero además podemos encontrar multiple información:

miércoles, 11 de marzo de 2009

Globalización Videos

La Globalización

MALAS Y BUENAS DE LA GLOBALIZACION

Jeffrey Sachs

A pesar de que la globalización ha sido muy benéfica para muchos países pobres, muchos otros se están quedando atrás en la miseria.

La cumbre de países ricos del G-8 convocará en Génova, Italia, a mediados de julio(22 de julio de 2001) , tanto a las personas que protestan contra la globalización como a la Policía antimotines. Los manifestantes y los líderes del G-8 se acusarán mutuamente de no entender las realidades de la globalización. Los líderes del G-8 dirán que la globalización no sólo es inevitable, sino buena para el desarrollo. Los manifestantes dirán que la brecha entre ricos y pobres está creciendo. Ambos grupos hablan de verdades a medias.

Los líderes del G-8 señalan que el libre comercio es vital para que un país pobre logre el crecimiento sostenido, pues un país pobre que está desconectado de los mercados mundiales no se desarrollará. Pero hay una realidad más amplia. El libre comercio, aunque es una condición necesaria para el crecimiento, está lejos de ser suficiente. La globalización ayuda a que parte del mundo en desarrollo crezca, pero deja a cientos de millones, incluso miles de millones, atrás, incluyendo a muchas de las personas más pobres del mundo. Al pretender que la globalización ayuda a todos, los países del G-8 están generando una imagen irreal, una que invita a reacciones violentas.

Volverse parte de los sistemas globales de producción de las compañías multinacionales es la forma en la que los países pobres logran el crecimiento más rápido. Estas empresas crean trabajos en países con salarios bajos, ya sea a través de inversiones directas o encontrando proveedores en esos países que fabriquen los productos de acuerdo a sus especificaciones y luego los exporten a los mercados mundiales, con frecuencia de vuelta al país de origen de la firma multinacional.

Este proceso de producción ayuda a los países ricos al permitirles tener productos de bajo costo y a los países pobres al generar trabajos, experiencia con tecnologías avanzadas e inversión. Eventualmente, un país pobre puede "graduarse" y pasar de ser un mero proveedor de componentes a ser un innovador. Korea, Taiwan, Israel e Irlanda empezaron una industrialización rápida hace una generación, produciendo productos estándar para empresas multinacionales. Ahora son economías high-tech con todas las de la ley.

El mayor problema de la globalización es que gran parte del mundo en desarrollo no participa en el proceso. En América, la inversión externa directa está fuertemente concentrada en México, algunas partes de América Central y el Caribe, es decir, países cercanos a Estados Unidos (EEUU). Los países sudamericanos, lejos de EEUU, reciben mucho menos inversión de este tipo. Como resultado, México ha crecido velozmente en los últimos años, beneficiándose de un rápido incremento de los ingresos, los trabajos y las exportaciones a EEUU, mientras Sudamérica ha crecido más lento o de hecho decrecido.

La situación es similar en Europa y en Asia del Este. Las compañías multinacionales europeas invierten mucho en países con salarios bajos, como Polonia, Hungría y la República Checa, los cuales están en la frontera con Europa Occidental, pero no invierten mucho en Rumania, Ucrania o Rusia, que están más lejos. Invierten en países norafricanos como Tunisia y Egipto, pero no mucho al sur del Sahara. En Asia, la inversión extranjera de firmas taiwanesas fluye a las provincias costeñas de China, pero no al interior, que es pobre. Japón prefiere invertir sobre todo en la vecina Asia del Este en lugar de la distante India.

Las naciones en desarrollo que son vecinas de las ricas tienen, por tanto, grandes ventajas sobre otros países en desarrollo. Sus ventajas naturales, como menores costos de transporte a los mercados más importantes, son aumentadas por las políticas de comercio de los países ricos. Entonces, los exportadores mexicanos tienen acceso preferencial al mercado estadounidense como parte del Tratado de Libre Comercio de América del Norte y esto le da a México todavía otra ventaja en comparación con los lejanos países de América del Sur. De manera similar, Polonia tiene ventajas de comercio e inversión sobre Rusia, pues Polonia pronto se convertirá en un miembro de la Unión Europea, con acceso garantizado a los mercados de Europa Occidental.

Así, hay grandes ganadores en el mundo en desarrollo gracias a la globalización, pero muchos países no son beneficiarios. De hecho, los estándares de vida de muchos países han caído por completo. Uno de los problemas es que en un mundo en el que la gente y el capital tienen gran movilidad, los trabajadores experimentados se mudan de las regiones remotas a las zonas más favorecidas del mundo. Entonces, aunque África sufre una profunda crisis de salud, miles de doctores africanos emigran a EEUU, Europa y el Medio Oriente en busca de estándares de vida aceptables. En este caso, la globalización puede empeorar la crisis de África.

En las regiones pobres y remotas del mundo (África meridional, los países andinos de América Latina, el Asia Central que no tiene salida al mar y algunas secciones del sudeste de Asia) la crisis económica se está intensificando. Algunas regiones están sucumbiendo ante las enfermedades y el colapso económico. El diálogo sensato entre quienes apoyan y quienes están en contra de la globalización debe empezar con reconocer que, a pesar de que la globalización ha sido muy benéfica para muchos países pobres, muchos otros se están quedando atrás en la miseria, la cual se está quizá intensificando en parte debido a la globalización.

Cuando se reúnan los miembros del G-8, deben enfrentar las duras realidades de África, la región andina y otras partes del mundo. Deberían brindar una cancelación de deuda para los más necesitados de estos países y miles de millones de dólares para la lucha contra las enfermedades, sobre todo el sida, la malaria, la tuberculosis y otras exterminadoras. Deberían crear mecanismos para ayudar a que los más pobres entre los pobres también se beneficien con las nuevas tecnologías.

Si el G-8 le muestra al mundo que sus miembros entienden las realidades de la globalización, buenas y malas, y que están listos para apoyar a aquellos que se están quedando aun más atrás, empezarían a cerrar la creciente y peligrosa grieta que separa a quienes apoyan y a quienes se oponen a la globalización. Al hacerlo, lograrían que el mundo se acercara a la aplicación de soluciones reales.

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